Los perfumes tras la muerte de Jesús: El Bestiario

Los Perfumes en el Cristianismo

Los animales no estuvieron ajenos a la simbología de los perfumes, y su entrada al mundo aromático se efectuó de la mano del Bestiario.

Qué es el tratado del Bestiario y qué representaba en la Edad Media

Si perfumes y aromas poseían connotaciones trascendentales, teológicas y significativas entre los hombres, no es de extrañar que invadieran otros ámbitos durante ese período tan teñido de religiosidad como fue la Edad Media. Los animales no estuvieron ajenos a la simbología de los perfumes, y su entrada al mundo aromático se efectuó de la mano del Bestiario. De amplia difusión entre los siglos XII y XIV, este tratado pretendía describir a los animales y su comportamiento, y mezclaba observaciones auténticas con leyendas y supersticiones; describía animales inexistentes como el basilisco, la mantícora, el ave fénix y a su vez arribaba a exóticas conclusiones sobre animales de existencia real. En todos los casos, el fin era encontrar un paralelismo cristiano que legara una enseñanza religiosa al hombre verdaderamente devoto. Los perfumes no eran ajenos a la piedad esperada. Algunos pocos ejemplos servirán para comprender cómo el perfume cristiano encontró su curso en el mundo animal. No existe un único Bestiario sino varias versiones derivadas de un texto original que no se ha conservado (el Fisiólogo) y que se supone redactado entre los siglos II y V de nuestra era en Alejandría (Bestiario… 1999:22). El nombre del tratado sobre animales en idioma griego, Fisiólogo, terminó constituyéndose en el supuesto autor del Bestiario.

Los animales del Bestiario

Uno de estos animales descriptos es la pantera, quien tras una opípara cena, se duerme por tres días. Luego se despierta y emite un poderoso rugido, que es acompañado.

(…) por el más delicioso fluir de dulce aroma, el más gratificante de todos los perfumes de hierbas y flores. De su boca sale el más dulce olor, como el perfume de las especies (The book… 1984:14).

Este aroma delicioso atrae a todos los animales, que comienzan a seguirla sin temor. Sólo el dragón —incapaz de soportar el perfume— se esconde aterrado en su cueva, donde yace débil e inerme. La enseñanza que propone el Bestiario es que la pantera es Cristo, quien al tercer día resucita y emite un poderoso ruido que destila dulzura aromática. Su olor atrae tanto a judíos como a gentiles, pero repele al Demonio —simbolizado por el dragón— que, vencido, se oculta en su cueva.

La imaginación cobraba vuelo cuando se buscaba describir el poder evocativo del perfume como signo de santidad y bienaventuranza. Durante la Edad Media se creyó a pie juntillas en la existencia de un ave que nadie jamás había visto, aunque muchos la describían en detalle: el ave fénix. El propio Heródoto, siglos antes, había sido muy precavido al referirse a su existencia. En sus relatos sobre Egipto, dice:

Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pinturas, cuyo nombre es fénix. (…) Tales son los prodigios que de ella nos cuentan que, a pesar de mi poca fe, no dejaré de referirlos (…) (Heródoto, libro II:LXXIII).

El Bestiario la describe como un ave gentil y hermosa, más bella que el pavo real, ya que éste sólo tiene alas de oro y plata y el ave fénix tiene sus alas de jacinto y esmeralda y "va adornado con los colores de todas las piedras preciosas de gran valor. En la cabeza lleva una corona , y espuelas en los pies" (Bestiario …, 1999:174). Existía sólo un ave fénix por vez. Vivía 500 años y cuando sentía su fin cerca, llenaba sus alas de aromas agradables y construía su nido-ataúd con incienso, mirra y otras sustancias aromáticas, al que le prendía fuego para inmolarse en él. De las fragantes cenizas surgía un nuevo fénix, más brillante y resplandeciente que el anterior. Este ejemplo, refiere el Bestiario, debe servir para incitar al cristiano a imitar al ave fénix y así llenar su sepulcro con las sustancias aromáticas que son las virtudes de la castidad, la compasión y la justicia. Se recuerda al fiel que, al igual que el ave fénix, san Pablo también inundó su ataúd con "el agradable aroma del martirio" (The book… 1984:128).

Otro mítico animal que había sido mencionado anteriormente por antiguos autores es el unicornio. Dice Plinio en el siglo I d. C.:

Los hindúes cazan un animal muy salvaje llamado monoceronte, que tiene la cabeza de un venado, los pies de un elefante y la cola de un jabalí, y el resto del cuerpo como el de un caballo. Produce un profundo ruido y del centro de su frente sale un cuerno negro de dos codos de largo. Dicen que este animal no puede cazarse vivo. (Plinio, HN VIII:33)

A esto, el Bestiario agrega "ni uno solo ha ido a parar vivo a las manos del hombre, y aunque es posible matarlos no se les puede capturar (The book… 1984:44)". Todos los Bestiarios coinciden en que la única forma de cazarlo era mediante una virgen. El unicornio, indócil y salvaje, se acercaba mansamente a la virgen hasta apoyar su cabeza en el regazo, donde se quedaba dormido con el aroma de virginidad que él podía percibir. Entonces, se acercaban los cazadores y lo mataban. Por otro lado, el unicornio distinguía inmediatamente si la joven no era virgen, por el aroma que ésta emanaba, en cuyo caso le daba muerte por corrupta e impura. Esta cruel historia era muy difícil de concordar con las enseñanzas que siempre proponían los Bestiarios, por lo que no todas las versiones coinciden. En su interpretación más obvia, algunos sostienen que la virgen representa a la Virgen María y el aroma que exhala es el de castidad, el Cazador es el Espíritu Santo que actúa a través del ángel Gabriel, y toda la historia del unicornio tipifica la Encarnación de Cristo. Queda sin explicar, sin embargo, la traición y la violencia que se ejerce sobre el unicornio durante su captura.


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